Critica que edifica
Crítica que edifica
La crítica constructiva es, para quien la escucha, como un pendiente u otras joyas de oro. Proverbios 25.12
El diccionario de la Real Academia Española nos ofrece esta definición, entre otras, de la palabra «crítica»: es la inclinación a «enjuiciar hechos y conductas, generalmente de forma desfavorable». Se refiere al hábito, tan arraigado en nuestra humanidad, de señalar lo malo en el prójimo.
En nuestra cultura de América Latina gran parte de nuestras conversaciones giran en torno de las críticas. Esta clase de plática tiende a avivar en nosotros el descontento y la depresión frente a una realidad que, de por sí, ofrece pocos motivos para celebrar.
La Nueva Traducción Viviente ha optado por el término «crítica constructiva» para describir aquella reprensión, según el texto hebreo, que se ofrece con sabiduría. Esta clase de crítica es la única que realmente debemos practicar los unos con los otros.
¿Cuáles son los elementos que la distinguen de aquellas críticas que solamente se concentran en señalar lo malo en el prójimo?
La primera y, quizás, más importante característica es que se le ofrece a la persona que la necesita. Es decir, se abstiene de ese despreciable hábito de hablar mal de otros a sus espaldas. Esta crítica no consiste en participar de conversaciones acerca de otros en asuntos que no son de nuestra incumbencia. De esta manera, la crítica constructiva evita alimentar el recorrido destructivo de los chismes y las calumnias.
El segundo elemento que distingue a la crítica constructiva es que el sabio entiende el momento indicado para ofrecerla. No todos los momentos son apropiados para un comentario de esta naturaleza, especialmente si los ánimos de la otra persona se encuentran exaltados. La persona madura sabe esperar el momento oportuno en que la otra persona se encontrará con la mejor disposición para recibir la crítica.
La crítica constructiva también presupone que existe una actitud receptiva en la otra persona, el deseo de ser corregido y animado por los que son parte de la comunidad de fe. Los aportes de otros, aun cuando no se ofrezcan con el mejor espíritu, siempre pueden enriquecer nuestra vida si hacemos a un lado la tendencia casi instintiva a defendernos, y si escuchamos con una actitud de respeto.
El otro elemento que diferencia a la crítica constructiva de otras intervenciones es que evita poner el acento sobre aquello que está mal. Es constructiva precisamente porque intenta ayudar a la persona a reflexionar sobre los posibles caminos que puede recorrer para mejorar su desempeño en determinada tarea o para adquirir un hábito que aún le resulta esquivo.
Si bien el punto de partida para la exhortación es aquello que necesita ser corregido, el grueso del intercambio no gira en torno a este tema, sino a la posibilidad de explorar las formas en que se podría resolver esta debilidad. Sobre todo, la otra persona debe percibir, en quien ofrece la crítica, la disposición de acompañarla en el proceso de trabajar sobre ese aspecto de la vida.
Para pensar.
«La forma en que respondemos a la crítica dependerá de la forma en que respondemos a los elogios. Si los elogios producen humildad, las críticas edificarán. Si los elogios inflan, entonces las críticas resultarán devastadoras». Warren Wiersbe
La crítica constructiva es, para quien la escucha, como un pendiente u otras joyas de oro. Proverbios 25.12
El diccionario de la Real Academia Española nos ofrece esta definición, entre otras, de la palabra «crítica»: es la inclinación a «enjuiciar hechos y conductas, generalmente de forma desfavorable». Se refiere al hábito, tan arraigado en nuestra humanidad, de señalar lo malo en el prójimo.
En nuestra cultura de América Latina gran parte de nuestras conversaciones giran en torno de las críticas. Esta clase de plática tiende a avivar en nosotros el descontento y la depresión frente a una realidad que, de por sí, ofrece pocos motivos para celebrar.
La Nueva Traducción Viviente ha optado por el término «crítica constructiva» para describir aquella reprensión, según el texto hebreo, que se ofrece con sabiduría. Esta clase de crítica es la única que realmente debemos practicar los unos con los otros.
¿Cuáles son los elementos que la distinguen de aquellas críticas que solamente se concentran en señalar lo malo en el prójimo?
La primera y, quizás, más importante característica es que se le ofrece a la persona que la necesita. Es decir, se abstiene de ese despreciable hábito de hablar mal de otros a sus espaldas. Esta crítica no consiste en participar de conversaciones acerca de otros en asuntos que no son de nuestra incumbencia. De esta manera, la crítica constructiva evita alimentar el recorrido destructivo de los chismes y las calumnias.
El segundo elemento que distingue a la crítica constructiva es que el sabio entiende el momento indicado para ofrecerla. No todos los momentos son apropiados para un comentario de esta naturaleza, especialmente si los ánimos de la otra persona se encuentran exaltados. La persona madura sabe esperar el momento oportuno en que la otra persona se encontrará con la mejor disposición para recibir la crítica.
La crítica constructiva también presupone que existe una actitud receptiva en la otra persona, el deseo de ser corregido y animado por los que son parte de la comunidad de fe. Los aportes de otros, aun cuando no se ofrezcan con el mejor espíritu, siempre pueden enriquecer nuestra vida si hacemos a un lado la tendencia casi instintiva a defendernos, y si escuchamos con una actitud de respeto.
El otro elemento que diferencia a la crítica constructiva de otras intervenciones es que evita poner el acento sobre aquello que está mal. Es constructiva precisamente porque intenta ayudar a la persona a reflexionar sobre los posibles caminos que puede recorrer para mejorar su desempeño en determinada tarea o para adquirir un hábito que aún le resulta esquivo.
Si bien el punto de partida para la exhortación es aquello que necesita ser corregido, el grueso del intercambio no gira en torno a este tema, sino a la posibilidad de explorar las formas en que se podría resolver esta debilidad. Sobre todo, la otra persona debe percibir, en quien ofrece la crítica, la disposición de acompañarla en el proceso de trabajar sobre ese aspecto de la vida.
Para pensar.
«La forma en que respondemos a la crítica dependerá de la forma en que respondemos a los elogios. Si los elogios producen humildad, las críticas edificarán. Si los elogios inflan, entonces las críticas resultarán devastadoras». Warren Wiersbe

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