Conversaciones radicales
Conversiones radicales
Por ese tiempo, se generó un grave problema en Éfeso con respecto al Camino. Comenzó con Demetrio, un platero que tenía un importante negocio de fabricación de templos de plata en miniatura de la diosa griega Artemisa. Él les daba trabajo a muchos artesanos. Hechos 19.23-24
Pablo trabajó en la ciudad de Éfeso durante dos años. Su ministerio impactó fuertemente a la población de la región, no solamente por la elocuencia con que exponía la Buena Noticia de salvación, sino porque contaba con el respaldo del poder del Espíritu.
Lucas testifica que «Dios le dio a Pablo el poder para realizar milagros excepcionales. Cuando ponían sobre los enfermos pañuelos o delantales que apenas habían tocado la piel de Pablo, quedaban sanos de sus enfermedades y los espíritus malignos salían de ellos» (vv. 11-12).
De esta manera «el mensaje acerca del Señor se extendió por muchas partes y tuvo un poderoso efecto» (v. 20)
La tremenda respuesta de la gente y el impactante avance del reino en toda la zona, sin embargo, tuvieron un resultado inesperado. Produjeron una crisis económica para quienes vivían de la fabricación de ídolos. El golpe fue tan fuerte que se levantó una revuelta popular que puso en peligro la vida de Pablo y sus seguidores.
Esta reacción inesperada muestra las formas en que la conversión de las personas puede impactar a toda una sociedad. Los cambios eran tan contundentes que abandonaban muchas de las prácticas que, hasta ese momento, habían considerado algo normal en sus vidas. «Muchos de los que llegaron a ser creyentes confesaron sus prácticas pecaminosas. Varios de ellos, que practicaban la hechicería, trajeron sus libros de conjuros y los quemaron en una hoguera pública. El valor total de los libros fue de cincuenta mil monedas de plata» (vv. 18-19).
Todo esto refleja el hecho de que el avance del reino no pasó desapercibido por aquellos que no se habían convertido. La iglesia comenzó a hacer sentir la presencia de Cristo en medio de ellos, por medio de las dramáticas transformaciones que vivían sus integrantes.
Entiendo que Cristo visualizaba esta clase de existencia para su pueblo: un grupo de osados guerreros que incursionaban de tal manera en la vida de una ciudad que acababan haciendo tambalear las estructuras sobre las cuales existía. Por la forma en que viven los que han entregado su vida para ser discípulos de Jesús, le dan la espalda a las prácticas y los hábitos que caracterizan a la mayoría de la población. El nuevo estilo de vida que adoptan no puede evitar los inevitables choques que resultarán de esta decisión.
Los conflictos solamente se darán, sin embargo, cuando la conversión sea absoluta. La nueva forma de vivir transformará su manera de comer, de vestirse, de hacer negocios, de conducir, de relacionarse con los vecinos, de administrar el dinero y de vivir en familia. A esa clase de transformación debemos aspirar cuando compartimos la Buena Noticia con los que aún andan en tinieblas.
Para pensar.
«Nunca necesitamos publicitar el fuego. Donde hay fuego todos corren a mirar. Del mismo modo, si tu iglesia está llena de fuego no tendrás que publicitarlo. La comunidad ya lo habrá notado». Leonard Ravenhill
Por ese tiempo, se generó un grave problema en Éfeso con respecto al Camino. Comenzó con Demetrio, un platero que tenía un importante negocio de fabricación de templos de plata en miniatura de la diosa griega Artemisa. Él les daba trabajo a muchos artesanos. Hechos 19.23-24
Pablo trabajó en la ciudad de Éfeso durante dos años. Su ministerio impactó fuertemente a la población de la región, no solamente por la elocuencia con que exponía la Buena Noticia de salvación, sino porque contaba con el respaldo del poder del Espíritu.
Lucas testifica que «Dios le dio a Pablo el poder para realizar milagros excepcionales. Cuando ponían sobre los enfermos pañuelos o delantales que apenas habían tocado la piel de Pablo, quedaban sanos de sus enfermedades y los espíritus malignos salían de ellos» (vv. 11-12).
De esta manera «el mensaje acerca del Señor se extendió por muchas partes y tuvo un poderoso efecto» (v. 20)
La tremenda respuesta de la gente y el impactante avance del reino en toda la zona, sin embargo, tuvieron un resultado inesperado. Produjeron una crisis económica para quienes vivían de la fabricación de ídolos. El golpe fue tan fuerte que se levantó una revuelta popular que puso en peligro la vida de Pablo y sus seguidores.
Esta reacción inesperada muestra las formas en que la conversión de las personas puede impactar a toda una sociedad. Los cambios eran tan contundentes que abandonaban muchas de las prácticas que, hasta ese momento, habían considerado algo normal en sus vidas. «Muchos de los que llegaron a ser creyentes confesaron sus prácticas pecaminosas. Varios de ellos, que practicaban la hechicería, trajeron sus libros de conjuros y los quemaron en una hoguera pública. El valor total de los libros fue de cincuenta mil monedas de plata» (vv. 18-19).
Todo esto refleja el hecho de que el avance del reino no pasó desapercibido por aquellos que no se habían convertido. La iglesia comenzó a hacer sentir la presencia de Cristo en medio de ellos, por medio de las dramáticas transformaciones que vivían sus integrantes.
Entiendo que Cristo visualizaba esta clase de existencia para su pueblo: un grupo de osados guerreros que incursionaban de tal manera en la vida de una ciudad que acababan haciendo tambalear las estructuras sobre las cuales existía. Por la forma en que viven los que han entregado su vida para ser discípulos de Jesús, le dan la espalda a las prácticas y los hábitos que caracterizan a la mayoría de la población. El nuevo estilo de vida que adoptan no puede evitar los inevitables choques que resultarán de esta decisión.
Los conflictos solamente se darán, sin embargo, cuando la conversión sea absoluta. La nueva forma de vivir transformará su manera de comer, de vestirse, de hacer negocios, de conducir, de relacionarse con los vecinos, de administrar el dinero y de vivir en familia. A esa clase de transformación debemos aspirar cuando compartimos la Buena Noticia con los que aún andan en tinieblas.
Para pensar.
«Nunca necesitamos publicitar el fuego. Donde hay fuego todos corren a mirar. Del mismo modo, si tu iglesia está llena de fuego no tendrás que publicitarlo. La comunidad ya lo habrá notado». Leonard Ravenhill

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