Dependencia Completa

Dependencia completa
 
Confía en el Señor y haz el bien; entonces vivirás seguro en la tierra y prosperarás. Salmo 37.3

Este salmo contiene una serie de exhortaciones para los que aman los caminos de Dios.
El contexto lo provee el accionar de los malvados, especialmente en lo que se refiere a su maltrato de los justos. David, que había sido víctima de una despiadada persecución por parte del rey Saúl, describe la clase de situaciones que tiene en mente, cuando escribe: «Los perversos sacan sus espadas y ponen cuerdas a sus arcos para matar al pobre y al oprimido, para masacrar a los que hacen lo correcto» (v. 14).
 
La respuesta que espera de nosotros, frente a esta clase de injusticias, es que no le demos lugar al enojo ni a la amargura. Nos exhorta a que dejemos de lado a la ira como método para resolver conflictos.
David nos invita a invertir las energías que requiere actuar con enojo, en algo mucho más productivo: confiar en el Señor.
A primera vista pareciera que esta alternativa no demanda ningún esfuerzo. La convicción de que otro hará justicia a nuestro favor, sin embargo, no es algo que abrazamos con facilidad. Todo nuestro ser se rebela ante la postura de inacción que asumimos.
 
La palabra que se emplea en hebreo, traducida «confía», posee connotaciones interesantes. Se trata de una actitud de confianza que no posee el más mínimo rastro de sospecha. Es una postura que conduce a la completa dependencia en el Señor. De hecho, algunos comentaristas consideran que está relacionada con una palabra del árabe que significa «postrarse en el suelo».
Nos recuerda a Moisés quien, frente a la rebelión del pueblo, cayó rostro en tierra (Números 14.5). Esta postura fue posible porque había arribado a la conclusión de que Dios bien podía defenderlo solo.
David repite la misma exhortación en el versículo siete: «Quédate quieto en la presencia del Señor, y espera con paciencia a que él actúe».
Aquí recibimos información adicional de lo que se espera de nosotros. Es un llamado a estar quietos, a callarnos y a detenernos en silencio. Cuando pensamos en las reacciones violentas que normalmente engendra la ira, esta postura señala un dramático contraste.
Esta instrucción, al igual que la exhortación a no enojarse, también es presentada mediante el uso de un imperativo.
El hecho es que nosotros tenemos que tomar autoridad sobre las emociones que amenazan con conducirnos hacia la necedad. Debemos ordenarles que se aquieten y esperen el accionar de Dios. Esta espera, sin embargo, no indica resignación. La palabra significa, más bien, una postura de expectativa, producto de la certeza de que el Señor va a intervenir. Es el mismo término que se emplea para la mujer que ha comenzado con el trabajo de parto.
Esperamos con una sensación de anticipación, porque estamos convencidos de que, en cualquier momento, el Señor irrumpirá en escena y ordenará todo según su justicia perfecta.

Para pensar.
¿Estás dispuesto a esperar?
«Si el Señor nos llama a esperar, hagámoslo de todo corazón, pues bienaventurados son los que esperan en él. Vale la pena esperarlo a él. La espera nos beneficia. Pone a prueba la fe, ejercita la paciencia, fortalece la sumisión y endulza la bendición, cuando llega». Charles Spurgeon

No Comments