Decimoquinto día del ayuno / Pídeme, y te daré
Decimoquinto día del ayuno / Pídeme, y te daré
Hoy estamos entrando a la última semana. De este ayuno. De Daniel. Y en esta última etapa del ayuno, la palabra que Dios nos entrega para la semana se llama OBEDIENCIA.
Muchos de nosotros no recibimos bendiciones que Dios nos quiere dar, simplemente por ser desobediente a sus designios y mandatos divinos.
Pídele a Dios esta semana. Que te muestre en qué áreas no estás siendo obediente a Dios Y Entrégaselo para que Él te ayude en lo que tú no puedes.
El verso que Dios nos entrega hoy es:
Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. Salmos 2:8 RVR60
En este verso Dios nos llama a una fe audaz en Jesús como el Rey ungido, recordándonos que Él tiene autoridad sobre todo y que al pedirle a Él, no a las naciones, se nos da una herencia espiritual que trasciende lo terrenal, revelando el propósito de Dios de extender Su reino a través de la fe y la obediencia, guiándonos a una vida de sabiduría y propósito eterno, no de vanidad humana.
Este verso, aunque es un decreto dirigido proféticamente al Mesías, su aplicación para la vida cristiana en 2026 ofrece profundas lecciones sobre la fe y el propósito:
1.La invitación a "pedir en grande"
Este versículo revela un Dios inmensamente generoso que invita a sus hijos a no limitarse en sus peticiones. Nos enseña que:
2.Intercesión por el mundo
Reflexionar sobre este pasaje nos llama a participar activamente en el avance del reino de Dios:
3.Confianza en la soberanía divina
En un contexto de incertidumbre global, este versículo ofrece seguridad:
4.Relación de filiación
El contexto del versículo ("Mi hijo eres tú") subraya que estas promesas nacen de una relación de padre e hijo. La reflexión para hoy es reconocer que nuestra identidad como hijos de un Padre poderoso nos capacita para superar dificultades aparentemente imposibles.
Oremos:
Señor, te pedimos por nuestra nación,
Gracias por sostener y cuidar siempre de esta tierra. También te pedimos por la paz de Jerusalén, que haya un corazón dispuesto a reconocer a tu Hijo como su Redentor y Señor antes de su inminente regreso.
Hoy estamos entrando a la última semana. De este ayuno. De Daniel. Y en esta última etapa del ayuno, la palabra que Dios nos entrega para la semana se llama OBEDIENCIA.
Muchos de nosotros no recibimos bendiciones que Dios nos quiere dar, simplemente por ser desobediente a sus designios y mandatos divinos.
Pídele a Dios esta semana. Que te muestre en qué áreas no estás siendo obediente a Dios Y Entrégaselo para que Él te ayude en lo que tú no puedes.
El verso que Dios nos entrega hoy es:
Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. Salmos 2:8 RVR60
En este verso Dios nos llama a una fe audaz en Jesús como el Rey ungido, recordándonos que Él tiene autoridad sobre todo y que al pedirle a Él, no a las naciones, se nos da una herencia espiritual que trasciende lo terrenal, revelando el propósito de Dios de extender Su reino a través de la fe y la obediencia, guiándonos a una vida de sabiduría y propósito eterno, no de vanidad humana.
Este verso, aunque es un decreto dirigido proféticamente al Mesías, su aplicación para la vida cristiana en 2026 ofrece profundas lecciones sobre la fe y el propósito:
1.La invitación a "pedir en grande"
Este versículo revela un Dios inmensamente generoso que invita a sus hijos a no limitarse en sus peticiones. Nos enseña que:
- Es lícito pedir: Rompe con la idea de que debemos quedarnos callados; Dios abre una puerta para acercarnos con franqueza.
- Amplía nuestra visión: Así como Dios le mostró las estrellas a Abraham, este salmo nos impulsa a elevar nuestras metas más allá de lo inmediato o pequeño.
2.Intercesión por el mundo
Reflexionar sobre este pasaje nos llama a participar activamente en el avance del reino de Dios:
- Corazón misionero: Pedir "las naciones" implica orar por la salvación de otros y por el bienestar de diferentes pueblos, alineando nuestros deseos con el liderazgo de Jesús.
- Compromiso con el prójimo: Nos invita a evaluar si nuestra oración es solo egoísta o si incluye el bienestar de los "confines de la tierra".
3.Confianza en la soberanía divina
En un contexto de incertidumbre global, este versículo ofrece seguridad:
- Autoridad de Dios: Recuerda que los planes humanos de oposición son inútiles frente al propósito divino; Dios tiene el control absoluto sobre las naciones.
- Proceso de formación: Aunque la promesa es grande, Dios a menudo trabaja primero en el carácter de quien pide. No siempre concede las cosas de inmediato, pues prefiere formar herederos capaces de administrar lo recibido.
4.Relación de filiación
El contexto del versículo ("Mi hijo eres tú") subraya que estas promesas nacen de una relación de padre e hijo. La reflexión para hoy es reconocer que nuestra identidad como hijos de un Padre poderoso nos capacita para superar dificultades aparentemente imposibles.
Oremos:
Señor, te pedimos por nuestra nación,
Gracias por sostener y cuidar siempre de esta tierra. También te pedimos por la paz de Jerusalén, que haya un corazón dispuesto a reconocer a tu Hijo como su Redentor y Señor antes de su inminente regreso.

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