Lo Malo y lo Bueno.
Lo Malo y lo Bueno.
”¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” Isaías 5:20 (RVR1960)
Isaías pronunció este “¡Ay!” como un juicio contra Judá porque el pueblo había invertido los valores de Dios. Ya no era simplemente que pecaban, sino que justificaban el pecado y despreciaban la justicia. Habían perdido la capacidad de discernir entre lo santo y lo profano.
Este pasaje revela tres grandes inversiones espirituales:
Para pensar y aplicar.
El relativismo moral dice: No existe una verdad absoluta; cada persona tiene su propia verdad.” Sin embargo, Isaías 5:20 demuestra que Dios sí establece un estándar objetivo del bien y del mal. Lo que Él llama pecado sigue siendo pecado, aunque la cultura lo celebre. Lo que Él llama santo sigue siendo santo, aunque el mundo lo rechace.
El problema no es únicamente que la sociedad piense diferente, sino que pretende redefinir lo que Dios ya ha definido. Cuando la opinión humana reemplaza la autoridad de la Palabra de Dios, la confusión moral es inevitable.
Jesús afirmó:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
La verdad no cambia con las generaciones porque está fundamentada en el carácter inmutable de Dios.
En este tiempo de gracia, el Espíritu Santo está llamando a la Iglesia a mantenerse firme en la verdad. No somos llamados a adaptar el evangelio a la cultura, sino a proclamarlo con amor, fidelidad y valentía. La gracia no elimina la verdad; la gracia nos capacita para vivir conforme a ella.
Como creyentes, debemos responder al error no con arrogancia, sino con mansedumbre y convicción, recordando que la verdad de Dios no condena al que se arrepiente, sino que lo conduce a la libertad. La Iglesia debe ser luz en medio de una generación que ha confundido la oscuridad con la luz.
Oración
“Señor, guarda mi corazón para que nunca llame bueno a lo que Tú llamas malo, ni rechace lo que Tú llamas santo. Afirma mis pasos en Tu Palabra y dame discernimiento para vivir en la verdad. Que tu Espíritu Santo me fortalezca para defender el evangelio con amor, firmeza y humildad, siendo luz en medio de una generación confundida. En el nombre de Jesús. Amén.”
”¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” Isaías 5:20 (RVR1960)
Isaías pronunció este “¡Ay!” como un juicio contra Judá porque el pueblo había invertido los valores de Dios. Ya no era simplemente que pecaban, sino que justificaban el pecado y despreciaban la justicia. Habían perdido la capacidad de discernir entre lo santo y lo profano.
Este pasaje revela tres grandes inversiones espirituales:
- La inversión moral: llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno.
- La inversión espiritual: cambiar la luz de Dios por las tinieblas del pecado.
- La inversión de la conciencia: presentar lo amargo como dulce y lo dulce como amargo, hasta que el pecado parece atractivo y la santidad parece una carga.
Para pensar y aplicar.
El relativismo moral dice: No existe una verdad absoluta; cada persona tiene su propia verdad.” Sin embargo, Isaías 5:20 demuestra que Dios sí establece un estándar objetivo del bien y del mal. Lo que Él llama pecado sigue siendo pecado, aunque la cultura lo celebre. Lo que Él llama santo sigue siendo santo, aunque el mundo lo rechace.
El problema no es únicamente que la sociedad piense diferente, sino que pretende redefinir lo que Dios ya ha definido. Cuando la opinión humana reemplaza la autoridad de la Palabra de Dios, la confusión moral es inevitable.
Jesús afirmó:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
La verdad no cambia con las generaciones porque está fundamentada en el carácter inmutable de Dios.
En este tiempo de gracia, el Espíritu Santo está llamando a la Iglesia a mantenerse firme en la verdad. No somos llamados a adaptar el evangelio a la cultura, sino a proclamarlo con amor, fidelidad y valentía. La gracia no elimina la verdad; la gracia nos capacita para vivir conforme a ella.
Como creyentes, debemos responder al error no con arrogancia, sino con mansedumbre y convicción, recordando que la verdad de Dios no condena al que se arrepiente, sino que lo conduce a la libertad. La Iglesia debe ser luz en medio de una generación que ha confundido la oscuridad con la luz.
Oración
“Señor, guarda mi corazón para que nunca llame bueno a lo que Tú llamas malo, ni rechace lo que Tú llamas santo. Afirma mis pasos en Tu Palabra y dame discernimiento para vivir en la verdad. Que tu Espíritu Santo me fortalezca para defender el evangelio con amor, firmeza y humildad, siendo luz en medio de una generación confundida. En el nombre de Jesús. Amén.”

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