NO SE DEJEN ENGAÑAR

NO SE DEJEN ENGAÑAR

“Mirad que nadie os engañe.” — Mateo 24:4

Este verso lo comienza nuestro Señor Jesús con una advertencia muy seria hablando de los últimos días  y Pablo, como estudiamos ayer en 2 Timoteo 3:1-5, describe cómo serían los hombres en los tiempos peligrosos: amadores de sí mismos, orgullosos, desobedientes, sin dominio propio y con apariencia de piedad, pero negando su poder.

Hay algo que debemos entender: el engaño de los últimos dias no siempre llegará con algo que parezca completamente malo. Muchas veces llegará mezclado con algo verdadero, pero distorsionado.

Por eso Jesús no dijo solamente: “Tengan cuidado con el pecado”, sino: “Mirad que nadie os engañe.”

En estos tiempos necesitamos más que nunca discernimiento espiritual.
  • No todo lo que parece espiritual viene de Dios.
  • No todo lo que suena bíblico representa el corazón de Cristo.
  • No todo lo que es popular es aprobado por Dios.
La iglesia necesita permanecer en la Palabra, en oración y sensible al Espíritu Santo.
Pablo NOI nos llama a tener miedo de los tiempos que vivimos; nos llama a permanecer firmes. Y Jesús nos recuerda que nuestra responsabilidad es velar y no dejarnos engañar.

Para pensar.
Hoy la pregunta no es solamente:“¿Estoy viendo las señales?”
La pregunta es: “¿Estoy permaneciendo en Cristo para no ser engañado?”
Porque en los últimos días, el que conoce la verdad debe caminar en ella.

Declara.
“No seré engañado. Mis ojos están puestos en Jesús, mi corazón está afirmado en Su Palabra y mi espíritu está sensible a Su voz. En medio de tiempos peligrosos, permaneceré firme en la verdad, caminaré en la gracia y no me moveré de Cristo. ¡Estoy despierto, estoy discerniendo y estoy permaneciendo!”

Ora
Señor Jesús, abre mis ojos espirituales para discernir estos tiempos. Guarda mi corazón del engaño, de la confusión y de toda enseñanza que me aparte de tu verdad. Dame hambre por tu Palabra, sensibilidad al Espíritu Santo y firmeza para permanecer en Cristo. Que no viva de apariencias, sino de una fe genuina y transformadora. En el nombre de Jesús. Amén.

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