DIOS CONOCE NUESTRA VIDA

DIOS CONOCE NUESTRA VIDA

Tú creaste las delicadas partes internas de mi cuerpo y me entretejiste en el vientre de mi madre. 14 ¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo! Tu fino trabajo es maravilloso, lo sé muy bien. 15 Tú me observabas mientras iba cobrando forma en secreto, mientras se entretejían mis partes en la oscuridad de la matriz. 16 Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro. Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara  Salmo 139:13- 16


Conocer cómo estamos formados NO determina cuánto valemos; nuestra vida tiene dignidad delante de Dios.

1. Conocidos por nuestro Creador

El salmista David expresa una verdad extraordinaria:
Dios conoce nuestra vida profundamente, incluso desde antes de que otros pudieran vernos. En el Salmo 139:13-16, reconoce que el Señor lo formó y que sus días no están ocultos delante de Él.

Esta declaración nos lleva a comprender que nuestra existencia no es insignificante. No somos simplemente una combinación de características biológicas ni podemos reducir nuestra identidad a lo que la ciencia logra descubrir sobre nosotros.

Dios conoce nuestra formación, pero también conoce nuestro corazón, nuestras luchas, nuestras capacidades y nuestro propósito.

Hoy vivimos en una época en la que los avances científicos permiten estudiar el ADN, identificar determinadas condiciones hereditarias y comprender mejor el funcionamiento del cuerpo humano. Estos descubrimientos pueden contribuir al diagnóstico y tratamiento de enfermedades.

Como cristianos, no necesitamos rechazar el conocimiento científico para defender nuestra fe. Podemos agradecer los avances que ayudan a aliviar el sufrimiento y, al mismo tiempo, reconocer que la ciencia no responde por sí sola todas las preguntas sobre el significado, la dignidad y el propósito de la vida.

El peligro aparece cuando comenzamos a creer que una característica genética determina completamente quién es una persona, cuánto vale o qué futuro merece.
Una condición médica no elimina la dignidad. Una discapacidad no disminuye el valor de una vida. Una limitación física o intelectual no convierte a nadie en alguien inferior.
Lo que podemos descubrir acerca de una persona nunca debe convertirse en una razón para negarle el respeto que merece.

En el contexto de nuestra serie ÚLTIMOS DÍAS, esta verdad es especialmente importante. Mientras la ingeniería genética abre nuevas posibilidades para intervenir en determinados aspectos de la vida, la Iglesia debe recordar que el conocimiento necesita estar acompañado de sabiduría, responsabilidad y respeto por cada ser humano.

El Salmo 139 no pretende ser un tratado científico sobre genética; nos revela algo mucho más profundo: nuestra vida es conocida por Dios y merece ser contemplada con reverencia, humildad y gratitud.

No permitas que la cultura, las comparaciones o los estándares de perfección definan tu identidad. Tu valor no se mide por lo que puedes producir, por tu apariencia ni por tus condiciones físicas.
Tu vida no pierde dignidad porque tenga limitaciones, y tu identidad no se reduce a tus genes.

2. Una enseñanza para estos tiempos
En una generación que busca comprender, modificar y perfeccionar aspectos del ser humano, debemos hacernos tres preguntas:

  • ¿Qué podemos descubrir? La ciencia puede ayudarnos a conocer mejor nuestro organismo.
  • ¿Qué debemos hacer con ese conocimiento? Necesitamos evaluar los beneficios, los riesgos y las consecuencias éticas.
  • ¿Cómo debemos tratar a las personas? Con dignidad, compasión, justicia y respeto, sin convertir sus características biológicas en una medida de su valor.

La sabiduría bíblica nos llama a evitar dos extremos: 
  • Temer automáticamente todo avance científico o aceptar todo lo que la tecnología hace posible.
  • El camino de la madurez consiste en aprender, examinar y actuar responsablemente delante de Dios.

Para pensar y actuar
Hoy te invito a poner en práctica estas tres decisiones:
Primero: reconoce tu valor. No permitas que tus limitaciones, tu edad, tu salud o las opiniones de otros determinen tu identidad.
Segundo: mira a los demás con los ojos de Cristo. No midas a las personas por su apariencia, capacidad intelectual, productividad o condición física. Trata a cada una con respeto y compasión.
Tercero: desarrolla discernimiento. Cuando escuches afirmaciones sobre genética, modificación humana o nuevas tecnologías, busca información confiable, examina sus implicaciones y pide sabiduría a Dios antes de formar una conclusión.

En una generación que posee cada vez más herramientas para estudiar e intervenir en la vida humana, la Iglesia debe mantenerse despierta y recordar que el progreso científico nunca debe convertirse en una excusa para despreciar al vulnerable.
Dios nos llama a ser una comunidad que aprende sin temor, discierne sin prejuicios y defiende la dignidad humana con convicción y amor.
“Podemos descubrir nuevos detalles sobre la vida humana, pero nunca debemos olvidar el valor de la persona que tenemos delante”.
Discernir los tiempos. Permanecer en la verdad. Vivir preparados para la venida de Cristo.

Declara.
Declaro que mi vida tiene dignidad delante de Dios. No seré definido por mis limitaciones ni mediré el valor de otros por sus características físicas o genéticas. Buscaré conocimiento con humildad, sabiduría para discernir y amor para servir. En medio de los cambios de esta generación, permaneceré firme en la verdad de Cristo.

Oración
Padre celestial, gracias porque conoces mi vida y porque puedo acercarme a Ti con confianza. Ayúdame a comprender que mi valor no depende de mis capacidades, mi apariencia ni mis circunstancias.
Enséñame a mirar a cada persona con dignidad y compasión. Líbrame del orgullo, de la discriminación y de los criterios humanos que hacen sentir a unos superiores y a otros inferiores.
Dame sabiduría para comprender los avances científicos de esta generación, discernimiento para evaluar sus consecuencias y humildad para reconocer que todavía necesito aprender.
Que mi corazón permanezca firme en Tu Palabra y que mis acciones reflejen el carácter de Cristo. Úsame para defender al vulnerable, consolar al que sufre y recordar a otros que ninguna persona debe ser reducida a sus limitaciones.
En el nombre de Jesús. Amén.


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